DOMINGO XXVIII

(Tiempo Ordinario – Ciclo B)

 

 Sabiduría 7,7-11

Hebreos 4,12-13

Marcos 10,17-30

 

 

La primera lectura (Sab 7,7-14) presenta la sabiduría como fruto de la oración (Sab 7,7; “rogué y me fue dada la prudencia, supliqué y vino a mi el espíritu de sabiduría”), como camino de felicidad y de comunión con Dios (Sab 7,11: “todos los bienes me han venido con ella”, Sab 7,14: “los que la adquieren se ganan la amistad con Dios”) y como riqueza destinada a ser repartida sin medida (Sab 7,13: “la aprendí con sencillez, sin envidia la reparto y no escondo a nadie sus riquezas”). En el texto habla, en forma ficticia naturalmente, Salomón, el personaje que en la Biblia es como el paradigma del hombre sabio. Se hace referencia al conocido episodio de Gabaón, donde imploró al Señor la sabiduría para gobernar. La sabiduría, en sentido bíblico, no es un cúmulo de conocimientos. No tiene como objeto saber cosas o conceptos, sino saber vivir y conducirse según los valores más altos y nobles del ser humano. Es experiencia, es vida. Es el tesoro más grande que una persona puede adquirir (Sab 7,11: “todos los bienes me han venido con ella”). Es la capacidad para orientar la existencia según la voluntad de Dios en todo. Por eso, “el principio de la sabiduría es el temor del Señor” (Prov 1,7).  Hoy que celebramos la fiesta de Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, podemos recordarla y evocarla como maestra de experiencia y testimonio de la verdadera sabiduría.

 

La segunda lectura (Hebreos 4,12-13) es un llamado a confrontarse constantemente con la Palabra de Dios que, como espada, ejerce una función de juicio y de discernimiento en la historia y en el corazón de cada hombre: “todo está al desnudo y al descubierto a los ojos de aquél a quien hemos de rendir cuentas” (Hb 4,13). El texto además es un canto a la eficacia de la Palabra divina. El simbolismo de la espada evoca el contexto de lucha en que vive el cristiano y en el cual la Palabra se manifiesta como fuerza y consuelo; el simbolismo fisiológico (alma, corazón, espíritu, etc.) hace referencia a todo el ser del hombre, llamado a dejarse penetrar, sondear, conquistar de la Palabra. La forma en que Santa Teresa de Jesús, doctora de la Iglesia, leyó y vivió la Palabra de Dios sigue siendo ejemplar para la iglesia de hoy.

 

El evangelio (Marcos 10,17-30) narra el encuentro de Jesús con un hombre rico y piadoso, cuyo corazón, sin embargo, estaba sofocado por el apego a los bienes materiales. El texto evangélico deja entrever que la práctica de la Ley es buena, pero es insuficiente para el discípulo de Jesús. Jesús ofrece algo más grande que la Ley judía: un principio orientador de la existencia que trasciende todos los valores encerrados en los mandamientos de la Ley mosaica. Ese es el significado de las palabras: “Una cosa te falta” (v. 21). Esta “cosa” se puede explicar a partir de tres frases de Jesús: (a) Va y vende lo que tienes.- El camino del seguimiento inicia con un “vender” lo que se posee, es decir, separarse de los bienes, no aspirar a poseer y a construir nada en posesión propia exclusiva. Es una invitación a renunciar y a dejar, bienes y ventajas personales egoístas. (b) Dalo a los pobres.- La venta se vuelve don. Quien ha renunciado entra en un camino de donación y de amor en favor de los olvidados de este mundo, a imagen de Jesús. Es una invitación a compartir la existencia con los últimos y más pobres. (c) Ven y sígueme.- El “ven” se contrapone al “va” inicial. En realidad el camino emprendido lleva hacia Jesús. El renunciar a los bienes, en sentido cristiano, lleva necesariamente a Jesús. Ser cristiano seguirlo a Él por el camino de la renuncia por amor en favor de los demás.